El encanto de las comedias de “sketches”

Entre los años sesenta y los setenta, la comedia italiana de sketches brilló con luz propia y sin rival posible. A ella se apuntaron hasta los más grandes: ahí está Le tentazioni del dottor Antonio, el magistral episodio de Federico Fellini de Boccaccio’70 (1962). Una de las joyas de la corona fue, sin duda alguna, Monstruos de hoy (1963), de Dino Risi, sangrante puñalada a los vicios y el cinismo de la sociedad moderna de una mordacidad que, por comparación, haría de Billy Wilder un manso corderito; constaba nada menos que de veinte sketches de diversa duración (de los veinte minutos a los treinta segundos), pero en España, siempre different, sólo se estrenaron catorce. Pero hay un centenar más de títulos que invitan al saludo. Siempre había, aun en los más discretos, uno, dos o tres episodios merecedores de ser recordados. Dos ahora mismo le vienen a la memoria al bloguero, dos cúspides de la mala uva en los terrenos del erotismo y la escatología. En Ciertos pequeñísimos pecados (1976), el sketch de Luigi Comencini tiene por protagonistas a un obispo (genial Alberto Sordi) y una chica anticlerical de muy buen ver y mejor tocar (Stefania Sandrelli) que se quedan encerrados en un ascensor durante un fin de semana. Es Ferragosto, la temperatura sube y sube, el ambiente se calienta… Echen cuentas. En Buenas noches, señoras y señores, del mismo año y firmada por once directores, Ugo Tognazzi es un condecoradísimo general a quien se le cae una medalla en el retrete tras hacer sus necesidades y antes de tirar de la cadena; de recuperarla en el frondoso paisaje excremental recién compuesto trata el sketch.

Sin dejar huella tan indeleble como los italianos, otras geografías han cultivado con éxito la comedia de sketches, como la británica, la estadounidense, la argentina o la española y la catalana, donde cineastas como Miguel Albaladejo o Ventura Pons, por citar sólo dos nombres, han sacado sobresaliente. Notable es la nota que se lleva 7 razones para huir, estrenada este viernes. Dirigida por Esteve Soler, Gerard Quinto y David Torras (los tres de Manresa) según piezas teatrales del primero, 7 razones para huir adolece del mal común en la mayoría de películas de esta modalidad: no todos los sketches están al mismo nivel, lo que hace difícil la puntuación cuando te piden las malditas estrellas; a uno le pondrías dos (sobre cinco), cuatro a otros dos, tres a otro, etc. Asumida tal consideración, 7 razones para huir merece sin más reparos la visita. En primer lugar por el reparto, de rechupete: Emma Suárez, Lola Dueñas, Sergi López, Francesc Orella, David Verdaguer, Jordi Sánchez, Pepe Viyuela, Álex Brendemühl, Manuel Solo, Alain Hernández, Aina Clotet, Vicky Peña, Ramon Fontseré, Àgata Roca, Núria Gago, Borja Espinosa, Pol López, Rosa Cadafalch y Albert Ribalta. Pero también por la inteligencia de los diálogos y el humor desplegado, siempre ácido, negrísimo a ratos, absurdo y/o surreal otras veces, al servicio de una crítica feroz a la idiotez reinante en todas las facetas de nuestras vidas y nuestro tiempo. Los sketches mejores son los tres primeros: un matrimonio despierta a su ya adulto hijo a las tantas de la madrugada y lo lapida con una crueldad verbal memorable, otro matrimonio recibe inesperadamente la visita poltergeistiana de los desfavorecidos y tres vecinos de un inmueble reparan en que ninguno de ellos recuerda qué número viene después del seis en la apuesta más gozosamente twilight zone del conjunto. Pero los otros cuatro no carecen de interés, como el del piso en venta con ahorcado incorporado.

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