Incombustible Stallone

Por lo visto y leído, uno de los acontecimientos más celebrados por la afición en el pasado Festival de Cannes fue la presencia de Sylvester Stallone, que vino a presentar unos minutos de la última hazaña de Rambo y una copia restaurada de la primera, Acorralado (1982). Revisando su filmografía, vemos que este año se cumplen cincuenta de su primer papel, en algo titulado The Square Root (1969), aunque su fama no le llegaría hasta siete años más tarde, con Rocky (1976). Que hoy, tantas décadas después, monte pollos como el de la Croisette, de acogida mediática incluso superior a la de la santa trinidad Tarantino/DiCaprio/Pitt, sin duda merece una detenida observación. Porque es innegable que, a sus casi 73 tacos, sigue mandando en el mercado. ¿El secreto de su éxito? Permitan al bloguero la aparente inmodestia de la autocita en el siguiente párrafo, extracto de un texto suyo del libro El cine según Phenomena que explora el asunto (extracto que habría que poner al día con dos rockys más y el próximo rambo):

“Por sus limitados registros interpretativos y su estolidez, Stallone ha recibido más varapalos que ninguna otra estrella del firmamento hollywoodiense, pero existen por lo menos tres argumentos para intervenir en su defensa. 1) Stallone es un actor más implicado en sus personajes que otros muchos actores en los suyos, empezando por el de Rocky Balboa, que es una creación suya y le valió una nominación al Oscar por el guion. Que a veces se ponga detrás de la cámara y ejerza de productor, además de guionista, subraya su deseo de controlar hasta el mínimo detalle el resultado de sus productos. En este sentido, la tozudez de Stallone dictó felizmente su destino: los productores de Rocky, entusiasmados con el proyecto, le ofrecieron el oro y el moro por el guion, pensando en actores famosos para interpretar al púgil, pero Stallone no cedió hasta que lo aceptaron a él como protagonista. 2) Tiene una innata rapidez de reflejos, con la que ha logrado mantenerse en primera fila a lo largo de cuarenta años. Cuando su carrera se ve amenazada por los bajos rendimientos de sus obras (por ejemplo, cuando ha intentado labrarse un camino en el ámbito de la comedia), de inmediato recurre a sus personajes emblemáticos, el boxeador Balboa (que ha encarnado en seis ocasiones: 1976, 1979, 1982, 1985, 1990 y 2006) y el ex boina verde John Rambo, que presentó su tarjeta de visita en Acorralado (Ted Kotcheff, 1982) y regresó en 1985, 1988 y 2008. Y cuando, por desgaste de fórmula o erosión, ya no puede echar mano de ellos, raudo se saca de la chistera una nueva franquicia, Los mercenarios (Sylvester Stallone, 2010), acogida con entusiasmo por las plateas. Y 3) Su empeño en reencarnarse siempre en sí mismo, en mantener una línea estética y artesanal inquebrantable, sin temor al anacronismo (la actual saga de Los mercenarios es genuinamente ochentera, le da la espalda al rugido mastodóntico y al exceso de piruetas digitales del momento), acaban otorgando a sus epopeyas un sello personal, un estilo. ¿Podrían entrar las action movies de Stallone en la etiqueta cine de autor?”.

Tenacidad, perseverancia y unas buenas dosis de personalidad robusta serían, pues, las claves de su permanencia. En los años ochenta y noventa, el ojo cinéfilo centró su mirada en Arnold Schwarzenegger en detrimento de Stallone. Arnie, su gran rival en el campo de la action movie hipermusculada, era más guasón, pintaba a sus héroes con un barniz de ironía. Pero Sly es infalible en el contraataque: en 1993, el gran combate entre Máximo riesgo y El último gran héroe acabó con la victoria por KO taquillero de Stallone. Y ahora mismo, cuando la carrera del ex gobernador de California atraviesa su peor momento, la del viejo potro indomable parece recobrar la fuerza de antaño. El tiempo, en cualquier caso, todo lo revisa, todo lo relativiza: ¿quién nos iba a decir, hace veinte o treinta años, que una nueva aventura del fascista Rambo, tan detestado entonces, nos apetecería (viene con la compañía de Paz Vega, todo un regalo) casi tanto como la próxima tribulación de Bond o Ethan Hunt?

 

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