Sitges Tour (1): Seven Chances, 25 años después

La sección Seven Chances del Festival de cine de Sitges fue creada por Xavier Catafal, a la sazón director del certamen, en 1993, hace exactamente 25 años, con la voluntad de ofrecer a los paladares selectos siete títulos anuales de interés que no tuvieran distribución española y, por lo tanto, fueran difíciles o imposibles de ver en nuestro país; siete títulos, de cualquier género o categoría, que defenderían con espada otros tantos críticos que ya los habían degustado previamente. Manoel de Oliveira, en aquel entonces todavía una asignatura pendiente de nuestros circuitos comerciales pese a su veteranía, participó nada menos que con dos películas en aquel Seven Chances inaugural que, por cierto, también descubrió a un cineasta joven desconocido: Bryan Singer.

Un cuarto de siglo después, se podría afirmar que Seven Chances ya no tiene hoy sentido. Películas “difíciles o imposibles de ver” ya prácticamente no se dan. En 1993, la palabra “globalización” comenzaba a sacar pecho, pero había muy pocos canales de televisión, el mercado del vídeo no cubría ni el diez por ciento de lo que unos lustros más tarde abarcaría el DVD, todavía no habían empezado a proliferar festivales especializados a razón de casi dos por mes en cada esquina y, por supuesto, un internet en vías de desarrollo aún estaba lejos de facilitar la existencia de múltiples y dotadísimas plataformas online, legales o ilegales, o YouTube. Hoy, en cambio, cualquier película que te apetezca ver, tarde o temprano, más temprano que tarde, acabas viéndola. Y, sin embargo, Seven Chances permanece firme, en Sitges, año tras año, consolidadísima, con solera y con sus siete espadachines razonando su elección en las páginas del catálogo anual (hasta 2001, Seven Chances tuvo publicación propia).

Naturalmente, el espíritu ha sufrido modificaciones. Ahora impera un lúdico todo vale donde se dan cita productos del tiempo y otros del pasado y se apuesta por un eclecticismo saludable y sin prejuicios. El programa de Seven Chances de Sitges 2018, que arranca esta semana, es, en este sentido, de rechupete. Tenemos dos documentales, dos, centrados en dos películas de culto: Blue Velvet Revisited, algo así como un making of de la obra maestra de Lynch filmado por un joven estudiante de cine que asistió al rodaje, y Wolfman’s Got Nards: A Documentary, en torno a la deliciosa película de Fred Dekker The Monster Squad (1987), aquí estrenada como Una pandilla alucinante, que ha dirigido uno de sus protagonistas, André Gower. Del hoy olvidado Harley Cokliss (o Cokeliss), Seven Chances recupera, en versión restaurada e íntegra, Dream Demon (1988). Y de Alex Proyas, el autor de El cuervo (1994) y Dark City (1998), su primer y delirante largometraje, Spirits of the Air, Gremlins of the Clouds (1989), que en su día ya se vio en Sitges. Para los incondicionales del cada día más reivindicado José Ramón Larraz, una joyita inexcusable: La visita del vicio (1978), erotismo contorsionista-onírico al que no prestó atención la crítica seria del momento, entretenida en la exploración del Casanova de Fellini, Nueve meses (Márta Mészáros) y Vicios privados, públicas virtudes (Miklós Jancsó), estrenadas por las mismas fechas. Un Johnnie To cosecha del 2004, Throw Down, y (¡olé, olé!) una peripecia pionera del Enmascarado de Plata, Santo contra Cerebro del Mal (1959), completan el suculento banquete. Vayan preparando sus mochilas.

 

 

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