La reina Isabelle

Huérfana desde hace diez años de padre putativo (léase Chabrol), Isabelle Huppert ha mantenido en este tiempo un nivel de exigencia altísimo en todos sus proyectos, sin prácticamente una sola nota desafinada. Algo más de dos docenas de interpretaciones que incluyen algunos de los personajes más memorables de su ya larga carrera y denotan un olfato infalible a la hora de elegir autores de fuste de idiosincrasias, geografías y ambiciones muy variadas: Hong Sang-soo, Haneke, Brillante Mendoza, Mia Hansen-Løve, Catherine Breillat, Neil Jordan, Serge Bozon, Bellocchio, Verhoeven, etc. Sus criaturas a menudo libran un pulso entre contrarios (introspección y extraversión, fortaleza y fragilidad, violencia y ternura) que su extraordinaria flexibilidad lleva a senderos de complejidad inquietantes: ángel y demonio, o áspid y cordero, en un mismo cuerpo. Y qué decir de su mirada celeste, que te taladra y llega hasta tu páncreas. Bozon, que la ha dirigido en dos ocasiones, sostiene que es “casi una estrella bressoniana al revés, alguien que no actúa y de quien los cineastas captan una suerte de presencia pura”. Un aura, vamos, un aura impresionante. “Una actriz eminentemente melódica”, según Tavernier. Quienes la han visto en teatro, campo que el bloguero no frecuenta, todavía flipan: Marcos Ordóñez se derretía evocando las tres veces que la gozó, “ojiplático”, en el escenario; para él, la Huppert es “la actriz más audaz de su generación, la menos previsible, la más fría y la más incendiada”. Claro está que, en ocasiones, el demonio devora al ángel: “Con la prensa suele ser arisca”, afirma Jaume Figueras, y “no soporta el ruido de un papel que caiga en la moqueta durante una entrevista”. Todo un carácter. Y, sin asomo de duda y en dura rivalidad con Juliette Binoche, la heredera natural de la (todavía dando guerra) Deneuve.

Ahora podemos ver a Isabelle Huppert en otra gran creación: Frankie, de Ira Sachs, que ha estrenado Movistar +. Sachs es un cineasta fenomenal, de pulcrísima escritura, ponderado siempre, refractario a la grandilocuencia, al énfasis dramático, pero de una sensibilidad arrolladora en el dibujo certero de caracteres y la emanación natural de sentimientos, virtudes ya puestas de manifiesto en sus espléndidas El amor es extraño (2014) y Verano en Brooklyn (2016). Huppert es la Frankie titular, una actriz famosa enferma, manipuladora y de veras complicada, pero su personaje es únicamente el núcleo de una obra coral sobre las vacaciones de una familia y varios allegados en la localidad de Sintra, Portugal, que cuenta con la participación, en igualdad de protagonismo, de Brendan Gleeson, Jérémie Renier, Marisa Tomei, Greg Kinnear, Vinette Robinson y Pascal Greggory, un reparto magnífico. Todos tienen sus momentos estelares, casi siempre en pareja, paseando por el monte, por caminos o calles turísticas, filmados serenamente en plano general o plano medio (no hay primeros planos en Frankie). Y todos, de alguna manera, están en crisis, que Sachs capta con su habitual tacto, con calor humano y querencia por los abrazos: Tomei y Kinnear en el mirador de un parque, Huppert y Gleeson en la cama sin pronunciar palabra… Una pièce bien faite, sencilla y emotiva y cristalina, que concluye con un largo, bello y melancólico plano de estirpe inesperadamente kiarostamiana.