Lo bueno, si breve…

Ficción al alcance de todos, para consumir en casa, de forma gratuita y completamente legal. Se puede ver en la web Flooxer de Atresmedia y se titula Gente hablando. El artífice del invento es Álvaro Carmona, actor, cómico, guionista, músico, cortometrajista y lo que haga falta, un auténtico hombre orquesta, un verdadero emprendedor, esa palabra de moda que rara vez se ajusta a quien se la calza. Se trata de una serie de seis capítulos en lo que podría ser, y ojalá sea, una primera temporada. Es el colmo del minimalismo: diez minutos cada capítulo (han leído bien), únicamente dos personajes (distintos) en cada uno de ellos y, como anuncia el título (que tiene algo de Juan Cavestany: recordemos Gente en sitios), una charla que ocupa el metraje entero como denominador común.

Propuestas alternativas de este tipo las hay hoy a montones y no siempre, ni mucho menos, funcionan, pero Gente hablando tiene fibra de contar en el tumultuoso panorama audiovisual del momento. Porque la serie no se queda en la simple idea, sino que está muy currada en todos sus apartados, espléndidamente concebidos y escritos todos sus capítulos, protagonizada por actores de talento y realizada con intachable profesionalidad. Cada capítulo cautiva por su premisa, que es mínima, simplísima, pero desarrollada con ingenio y una sabiduría en los diálogos poco habitual en la actual comedia española: Carmona es el guionista único de los seis capítulos, protagoniza tres (La cita, El análisis y El chiste, dirigidos por Rubén Molina) y dirige los otros tres (El vecino, El astronauta y El bautizo). Su duración breve es idónea para encajarla en la jornada diaria a tu gusto; por ejemplo, un capítulo cada mañana, con el café del desayuno, de lunes a sábado, y seguro que te alegra el día.

Y ahora, un repasillo a Gente hablando. En El análisis, dos jóvenes fornican durante los diez minutos sin dejar de pegar la hebra, sacándole punta a cada frase pronunciada; viene a la memoria la Faye Dunaway de Network (1976), que mientras follaba no cesaba de comentar los índices de audiencia de los programas de televisión. El vecino, rodado en un único plano secuencia, cuenta con dos Ramones monumentales, Barea y Agirre, ambos vascos, y propone una jocosa mirada al onanismo en la tercera edad. Los otros cuatro capítulos abordan, con tanta modestia como incisiva penetración, temas que hoy ocupan páginas de diarios o debates televisivos: la mentira como un acto natural, consensuado y aceptado en las redes sociales en La cita; la facilidad con que hoy cualquier ciudadano puede señalar con el dedo a un cura, decir que es pedófilo sin necesidad de demostrarlo y arruinar su vida en El bautizo; los límites del humor en tiempos de corrección política y/o represión institucional, o qué es y qué no es aceptable decir en los monólogos de club nocturno en El chiste y cómo gestionar el futuro de nuestros hijos a partir de los regalos que piden en El astronauta, sin duda la joya de la serie, impecablemente interpretada por Verónica Echegui y Miki Esparbé.

 

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