Muchas gracias por todo, “Fotogramas”

Descubrir a los doce años de edad Fotogramas marca una fecha memorable en tu vida. Te enganchas, como una droga dura de efectos no dañinos, a su glamour. En una primera fase, son los reportajes y entrevistas a tus ídolos lo que propicia que aplaudas con los ojos: cuatro páginas de Henry Fonda aquí, ahora otras tantas de Burt Lancaster. Y poco a poco te lo vas tragando todo, hasta las páginas de teatro, libros o las de música pop de Àngel Casas. Para la formación del bloguero, el Fotogramas de los últimos años sesenta y primera mitad de los setenta es fundamental. Jaume Picas y José Luis Guarner fueron, primordialmente, las dos antorchas que le alumbraron el camino. Guarner comentó en cada número de la revista, desde marzo del 68 a noviembre del 74, las películas que TVE había proyectado la semana anterior (Fotogramas, ojo al dato, era entonces una publicación semanal) y que habíamos visto; nos ayudaba a entenderlas y a valorarlas. Lo mismo que Picas en cuanto a los estrenos de cine en Barcelona. Los rutilantes tributos de Terenci Moix a sus estrellas favoritas, los chistes de Perich o el consultorio de Mr. Belvedere, figura sagrada del periodismo cinematográfico, fueron otras de las alegrías de esa revista fundada por la familia Nadal en 1946; revista puntera, avanzada, progresista y con la mejor brújula para detectar, siempre, el rumbo del cine, las nuevas corrientes, el latido de la sociedad. Permanentemente alerta y en vanguardia. En los años sesenta abanderó, en texto y diseño, la gauche divine barcelonesa como ninguna otra revista. En los setenta fue pionera del destape y destiló todo el perfume político-cultural de la transición, prestando mucha atención a lo que se cocía en los márgenes y ruedos alternativos: las Ramblas de Ocaña, la movida madrileña, etc. Amar y celebrar el cine con pasión vitalista ha sido su divisa permanente, sí, pero la revista abrazó el vídeo a la primera de cambio y, en los ochenta, reformuló su cabecera, que pasó a llamarse Fotogramas & Video y dedicó casi la mitad de sus páginas a ese VHS que estaba cambiando, ya entonces, nuestra forma de consumir películas, de la misma manera que en estos últimos tiempos ha concedido su interés a las nuevas plataformas y canales digitales. Casi 72 años de existencia, que no es moco de pavo, significan un mogollón de generaciones educadas primorosamente leyendo sus páginas, digestivas en todas sus etapas, jamás contaminadas por aires doctorales ni jerárquicos: aquí se trataba con el mismo respeto una entrevista a Carlos Saura y una entrevista a Terence Hill. Dispensar a la vez conocimiento y felicidad, y en dosis generosas, no es moneda corriente. Enormísima es la deuda que hemos contraído sus lectores, sobre todo los más veteranos; una deuda, claro está, en primera instancia de orden sentimental (otra sería la profesional quienes hemos tenido la suerte de escribir en la revista los últimos treinta y tantos años), que no podremos saldar ni viviendo mil años.

El caso es que el futuro de Fotogramas es, ahora mismo, una incógnita. El pasado viernes día 22 cerró su equipadísima, profesionalísima redacción en Barcelona y, de la mano de la empresa Hearst Magazines, propietaria de la cabecera, empezará una nueva singladura con un equipo nuevo en Madrid. A nadie se le escapa que el alma de Fotogramas fallece en la mudanza. Lo que venga ojalá sea una buena revista, muy buena y de alto nivel, que las necesitamos porque son nuestro sustento, pero todo apunta a que ya no será el Fotogramas que llevamos dentro, pegado al corazón como el mejor marcapasos del mundo.

 

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