Tres notas

1: Oriente (Farrokhzad) y Occidente (Hathaway & Ford & Marshall). En 1962, la poeta iraní Forough Farrokhzad realizó su única (y breve: 20 minutos) película, Khaneh siah ast (título internacional: The House Is Black; en la edición en DVD francesa, La maison est noire), rodada en una leprosería. Por la dureza de lo descrito, se la comparó razonablemente con Tierra sin pan (1933), el documental de Buñuel sobre Las Hurdes. La mirada de Farrokhzad es poética y humana, capaz de elogiar y agradecer a Dios la belleza del mundo aun filmado rostros desfigurados y extremidades superiores e inferiores coronadas por el muñón. Hay imágenes de la naturaleza, apuntes didácticos sobre el cuidado médico de los enfermos, la alegría de una boda, tomas de niños jugando con la pelota o en el colegio. En una clase, aparece un niño que es asombrosamente parecido al pequeño protagonista de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987). Y es que, como escribía el crítico Jean-Philippe Tessé, “toutes les fleurs kiarostamiennes se sont nourries à cette sève”. Una obra estremecedora y fascinante. Después de admirarla, al bloguero le asaltó un pensamiento: 1962 es también el año de producción de La conquista del Oeste. No puede haber películas más distintas, dos caras más opuestas del arte cinematográfico, pero ahí están las dos, compartiendo tiempo histórico y con voluntad de convivir juntas y tal vez dialogar. En un lado están los héroes victoriosos de la épica americana; en el otro, los humildes seres olvidados. El Cinerama y la artillería pesada frente a la pureza de la cámara-poesía. La grandeza del cine es la necesidad imperiosa de congeniar con los dos polos, en 1962, antes, después y siempre. ¿Qué tal, hoy mismo, un programa doble con Midway y Longa noite?

2: Alan y Elliott. En el episodio quinto de la primera temporada de El método Kominsky aparece como estrella invitada Elliott Gould, interpretándose a él mismo. En un restaurante, compartiendo mesa con Alan Arkin, coprotagonista de la serie con Michael Douglas, Gould (81 tacos) anuncia que quiere interpretar una action movie (como las de venganza de Liam Neeson, dice), en el papel de un agente de la CIA retirado que vuelve al terreno de juego para salvar la vida de sus nietos secuestrados. Y evoca con orgullo de pavo real su nominación al Oscar por Bob, Carol, Ted y Alice (1969). Esta escena irónica nos recuerda que los dos actores ya colaboraron juntos en Little Murders (1971), una muy reivindicable comedia negra y excéntrica dirigida por el propio Arkin que, salvo error, no llegó a nuestras salas y que, dato curioso, al parecer entusiasmó a Jean Renoir. Estaba inspirada en una obra de Jules (Conocimiento carnal) Feiffer, responsable de la adaptación. Diálogos brillantes y un aire sano de la contracultura del tiempo. También salían Vincent Gardenia, Donald Sutherland y Lou Jacobi, los tres memorables. Arkin, que tres años antes había sido el inspector Clouseau en un título off Edwards, interpretaba a un detective no menos pintoresco en una única secuencia. Casi medio siglo después, ahí siguen, en El método Kominsky, Gould y Arkin dando guerra, simpáticos y entrañables.

3: El lamentable olvido. Charles, mort ou vif (1969), La salamandra (1971), Jonás, que cumplirá los 25 en el año 2000 (1976), Messidor (1978), En la ciudad blanca (1983)… Títulos tan olvidados como su autor, el suizo Alain Tanner, que el pasado día 6 cumplió 90 años. Evocar estas obras, que a uno le quedan tan lejanas como la mili, es recordar un cine de veras comprometido, urgente y necesario. Tanner fue el notorio notario de un sentimiento colectivo, un malestar; del desencanto existencial de toda una generación. Fue un cineasta importante. Felicidades, Alain.