Grandísimo Petitet

1: Documentales

El próximo viernes se estrenan dos documentales, centrados ambos en la pasión, la obsesión, la tenacidad de sus protagonistas: McQueen y Petitet. El primero, para no despistar, debería titularse Alexander McQueen, no vaya a ser confundido con un retrato del mítico actor Steve, del realizador británico también llamado Steve o del héroe con ruedas de Cars. O (éste sí sería un documental interesante) de Butterfly McQueen, la inolvidable Prissy de Lo que el viento se llevó (1939), cuya carrera alcanzó hasta La costa de los mosquitos (1986). Alexander McQueen fue un diseñador de moda inglés, muerto a temprana edad, a quien la película glorifica de la manera más convencional conocida (recorrido cronológico por su vida y obra, imágenes de archivo y tropecientos mil bustos parlantes loando sus hazañas artísticas y su carácter rebelde, uno de ellos el propio homenajeado), relegando el interés exclusivamente a los incondicionales de las pasarelas. Felizmente, otra cosa muy distinta es Petitet, el nuevo trabajo de un gran documentalista, Carles Bosch, el autor de Balseros (2002) y Bicicleta, cullera, poma (2010). El Petitet del título, Pequeñito en castellano, es Joan Ximénez, hijo de un palmero de Peret, gitano del Raval, músico y apasionado de la rumba catalana. Su sueño, nada menos que una promesa a su madre en el lecho de muerte, fue reunir a un enorme grupo de rumberos y una gran orquesta para ofrecer un concierto de rumba sinfónica en el Teatre del Liceu barcelonés, el templo de la ópera. Petitet va de eso: de Petitet y su gente, de su sueño, de la rumba catalana, del Raval, de la familia, de los gitanos, del pasado, de las tradiciones, de la muerte, del sentimiento, del amor, de la melancolía, de la amistad, del arte, del entusiasmo, de los obstáculos a sortear (entre ellos, en el caso del protagonista, sus continuos problemas respiratorios con frecuentes ingresos en el hospital), del carácter, de las ilusiones… Es extraordinaria la fuerza que transmite el protagonista, cuya personalidad va creciendo sobre la marcha, minuto a minuto, hasta robarnos el corazón: una criatura enorme en todos los sentidos. La obra de Bosch es una inyección intravenosa de optimismo y una lección ejemplar de vida. Una de esas películas privilegiadas que no se van al finalizar, se quedan con (en) nosotros para siempre.

2: Tenis

Respuestas al guarneriano test tenístico formulado en el anterior texto del blog:

1: La de los médicos negros de Chicago (Richard Pryor, Bill Cosby) en California Suite.

2: Ryan O’Neal (a Candice Bergen) en Historia de Oliver.

3: Diane Keaton en Annie Hall.

4: Sylvia Kristel en Deseada.

5: Los jugadores que observa David Hemmings en Blow-up.

6: Althea Gibson, la doncella negra de la protagonista en Misión de audaces.

7: Ray Milland en Crimen perfecto.

8: El de Jacques Tati en Las vacaciones de M. Hulot.

9: Dejar un encendedor adornado con raquetas en la escena del crimen de Extraños en un tren.

10: Humphrey Bogart.

 

 

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