Cuatro breves apuntes sobre los Oscar de este año

los odiosos ocho

1: Dejad paso a Mr. McCarthy

Sin duda alguna, hay mil veces más cine, cine de verdad, en Los odiosos ocho, Mad Max: Furia en la carretera, Carol, Star Wars: El despertar de la Fuerza y El puente de los espías, por citar algunas de las películas nominadas en diversos apartados, que en la ganadora Spotlight. Incluso en la que estaba en la mayoría de quinielas, El renacido, que, siendo un tanto indigesta en sus momentos Malick, es un relato de fuerza física incomparable, acaso lo que hoy haría Anthony Mann de estar vivo. Sin embargo, tal como ha quedado repartida la suerte, a este bloguero no le parecen mal los resultados. En primer lugar, porque Mad Max ha arrasado con seis estatuillas, la más galardonada: el doble que El renacido. En segundo lugar, porque si nos pusiéramos exquisitos, si de nosotros dependiera, a la larga cada año ganarían los mismos: cuando no hay un Spielberg, un Miller, un Tarantino o un Haynes, como este año, hay un De Palma, un Allen, un Shyamalan o un Linklater potente (Boyhood, la mejor del pasado año), y de ese círculo de enchufados no saldríamos. Que, sistemáticamente, el gordo se lo lleve una obra con el sacrosanto Gran Tema pegado a sus imágenes no ha de causarnos a la postre dolor alguno si esa obra, por lo menos, es tan digna como la de Tom McCarthy: no brilla en ella el verdadero cine, pero sí la honestidad y la sinceridad, además del compromiso ético, virtudes que no debemos arrinconar. El problema es que quienes votan convencidos el filme de Gran Tema emiten por lo bajini ondas más bien nocivas en las que percibes que, para ellos, el cine genuino de un George Miller o un J. J. Abrams no es de recibo por escasa altura intelectual. Y en ese punto es cuando ya debemos ponernos en guardia.

 

2: Una sorpresa agradable

Aunque con todos los honores también lo merecían Star Wars y Mad Max, el Oscar a los mejores efectos especiales se lo llevó Ex Machina. Nada que objetar, al contrario: que no contenga imágenes tan apabullantes como las de Miller o Abrams no resta categoría a unos efectos sobresalientes y aparentemente modestos, al servicio de la historia. La de Alex Garland es una fantasía simpática, sin excesivos alardes, que no hizo mucho ruido en las salas de cine. Pero se merecía una distinción, y fue una sorpresa muy agradable esa de merendarse a sus hermanas mayores.

 

3: Don Carlos, lúcido y lucido

Como de costumbre, un grupo de tertulianos nos mantuvo entretenidos ante la pequeña pantalla antes del inicio de la gala y durante sus numerosas aunque felizmente breves pausas. De todos quienes pegaron la hebra, el más lúcido y atinado, con criterio propio y flexibilidad en sus razonamientos, puntuados por la ironía cuando era de menester, y sin dárselas ni de enteraíllo ni de enciclopedia con patas, fue el actor Carlos Areces. Podías discrepar en algún punto, cuestión de gustos, pero sus argumentos estaban atiborrados de sensatez cinéfila. Y se lo había tragado todo, hasta los documentales y los cortos. Bien por don Carlos.

 

4: Justicia tardía

El pasado año, este blog se hizo eco de la ausencia en los rituales obituarios de la actriz Lizabeth Scott, fallecida el 31 de enero de 2015, quince días antes que Louis Jourdan, quien sí apareció en el cómputo . Pues bien, el olvido ha sido reparado: la ilustre dama del cine negro clásico figuró en el in memóriam de 2016. La ausencia más notoria de este año, imperdonable, fue la de Jacques Rivette: murió el 29 de enero, tan sólo diez días después de Ettore Scola, de quien sí se acordaron. ¿Repararán el entuerto en la edición de 2017?

Algunos apuntes sobre las nominaciones al Oscar

la oveja shaun. La película

1: Un leve ataque de sensatez

La más grata sorpresa que nos regalan las nominaciones al Oscar de la cosecha de 2015 es la presencia de la incomparable Mad Max: Furia en la carretera nada menos que en diez categorías, dos menos que la más agraciada (El renacido), entre ellas (eso es lo más insólito) mejor película y mejor director. Bien por los académicos. Por una vez, una obra que no apela a los valores humanos, ni aborda un Gran Tema, ni se relame de gusto esculpiendo la Figura Histórica Señera (ya saben: de Pasteur a Lincoln, pasando por Gandhi), sino todo lo contrario, una película que es de cabo a rabo acción pura y sin coartadas, merece tanta atención como la social, cultural o políticamente más comprometida de las películas. Consecuentemente, su hacedor, George Miller, ha de tener y tiene nominación, como la tiene el montador (o montadora: Margaret Sixel, que ya ejerció como tal en dos anteriores largometrajes del realizador). La justicia de estas nominaciones pone un pequeño parche en la dignidad (o su ausencia) de la Academia y repara afrentas históricas como, por ejemplo, no haber nominado jamás a Sam Fuller, cineasta de espíritu tan visceral como Miller.

En el mismo apartado de mejor director, sin embargo, se echa de menos a Steven Spielberg (cuya película, El puente de los espías, sí aspira a mejor largometraje), J. J. Abrams, Quentin Tarantino e incluso a Ridley Scott, por citar sólo directores de las películas más seleccionadas. A falta de catar la solvencia de Lenny Abrahamson (La habitación), presumiblemente no superior a la de los citados, las nominaciones tanto de Tom McCarthy (Spotlight, película de periodistas más bien rutinaria) como de Adam McKay (por la tan interesante como, narrativamente, no más que eficaz La gran apuesta) vuelven a poner en cuestión los criterios académicos: en lo tocante a puesta en escena y composición visual, el vuelo creativo de McCarthy y McKay es corto, francamente corto.

 

2: Las secundarias principales

Tanto la Rooney Mara de Carol, la bella pieza de cerámica de Todd Haynes, como la Alicia Vikander de la superficial La chica danesa, de Tom Hooper, concursan en el apartado de mejor actriz de reparto cuando, sin rebozo, son protagonistas absolutas de sus películas. Habría que cronometrar quién aparece más en pantalla, si Mara o su compañera Cate Blanchett en la obra de Haynes, pero aunque el resultado se decantara por la segunda no impediría que la primera tuviera papel menos destacado. En cuanto a Vikander, es la coprotagonista junto a Eddie Redmayne, éste sí nominado como actor principal, y aunque el supuesto interés del filme se centre en él, Vikander está presente en las imágenes casi ininterrumpidamente. Desafíos a la lógica muy propios de tío Oscar: ¿recuerdan el caso de Tatum O’Neal, Oscar a la mejor secundaria pese a comparecer tanto como su padre Ryan en Luna de papel (1973)?

 

3: Animación

Estaba cantado que Del revés estaría nominada, y todo apuntaba a que La oveja Shaun: La película también. Aunque la favorita es la primera, que la segunda comparta candidatura con ella es motivo de ilusión. El título de Pixar ha obtenido todos los parabienes críticos habidos y por haber, y bien merecidos, desde luego. Pero a la película de Aardman, que es una obra maestra de talla no inferior, no se le ha prestado la atención que merecía, y hay que reivindicarla hasta la última gota de sangre. Más todavía: la libertad creativa con la que siguen trabajando los artífices de Aardman no es comparable con la de Pixar, cada vez más dependiente de Disney y sus códigos morales. Ojalá ganara la ovejita.

 

4: Algo pasa con Meryl

Sorprendentemente, este año Meryl Streep no opta al Oscar. Una ceremonia de los Oscar sin Meryl nominada es como una Nochebuena sin Qué bello es vivir (1946). Lo dicho suena a cachondeo, pero lo cierto es que, en esta edición, una enésima nominación a la veterana actriz estaría más justificada que en otras ocasiones: su rol rockero, electrizante, arrollador en Ricki es de los mejores que nos ha ofrecido en los últimos tiempos.

 

5: Silencio

En fin, no nos pongamos exquisitos: que a la magnífica La visita, de M. Night Shyamalan, no le hayan dado ni la hora viene a demostrar que, pese a puntuales oasis de buen tino, los Oscar siguen siendo los Oscar.