De Zeus a Lincoln, pasando por Stalin

1: El “sense of wonder (woman)”

¿Otra de superhéroes? ¡Buf, qué pereza! ¿De la directora de Monster (2003)? ¡Ay, no, por favor! Remate: la cosa se nos pone en 142 minutos, segundito más segundito menos. Vale, para el carro: ¿cuánto pagan por verla? Pues no, esta vez el olfato, las expectativas, los prejuicios, todo ha fallado. Felizmente, Wonder Woman es una de las más digeribles películas de superhéroes de la presente década. Primer tanto positivo: la superheroína, una criatura magníficamente pura y bondadosa, franca e inmediata, con un código de valores noble e inquebrantable, toda ella luz, es decir, sin ese fastidioso lado oscuro tan caro a Nolan y otros trascendentes. Y Gal Gadot, la actriz israelí, es una presencia radiante, magnética, fotogénica y carismática. Un acierto comparable al de, en su día, confiar en el desconocido Christopher Reeve para el rol de Superman. Y ya que hablamos del corresponsal de Krypton en la Tierra, ahí está el otro gran logro de la película de Patty Jenkins, próximo al del clásico de Richard Donner: su bien vertebrada estructura episódica, con un maridaje de géneros (aventura mitológica, bélico, comedia, espionaje, ciencia-ficción…) que le otorga variedad y dinamismo. El largo primer tramo, concerniente a la educación y entrenamiento de la joven heroína en un paraíso mitológico habitado por amazonas, bajo los auspicios de Zeus, es un grato masaje ocular. La idea de hacer avanzar el relato con la caída del avión pilotado por Chris Pine y perseguido por la flota alemana, es brillantísima. Y maravilloso el viaje en barco de la heroína y el galán, que abre las puertas a otro capítulo, bendecido por el humor que propicia el anacronismo e incluso con una escena, la de los malos asediando a los protagonistas en un callejón y ella interceptando las balas, que recuerda poderosamente a otra de Clark Kent y Loise Lane en Superman (1978). Luego viene el enfrentamiento ritual, decorosamente confeccionado pese a los peajes de rigor, como esos tan transitados y molestos vuelos al ralentí; al fin y al cabo, Zack Snyder es productor y argumentista y probablemente metió pezuña.

 

2: El testamento de un maestro

Esta semana se estrena Los últimos días del artista, la película final de Andrzej Wajda, muy digna clausura de una obra larga (66 años de actividad) y fecunda, aunque con sus puntuales altibajos. Es, claro está, un filme político, ambientado en los años más duros del estalinismo, profundamente crítico a la vez que elegante: Wajda es ecuánime señalando la opresión, que en el protagonista verídico alcanzaría tintes kafkianos, pero en ningún momento tiñe de maldad ni caricaturiza a las autoridades represoras, meros funcionarios grises que ejercen su trabajo con el rostro impasible. Caligrafía limpia y sobria, de una precisión admirable. Particularmente brillantes los dos últimos planos de la película, el testamento de un cineasta capital. El primero (que despide al protagonista) es un encuadre bello y poético digno del que cerraba Duelo en la Alta Sierra (1962). El final (la hija del protagonista, grandísimo personaje) exhala una triste melancolía y siembra una emoción trémula que no te abandona fácilmente.

 

3: Feliz jubilación

La noticia ha sido ampliamente referenciada en los medios: Daniel Day-Lewis se retira. Creo que ya lo había anunciado muchos años atrás. En fin, supongamos que ahora es verdad y vayamos al grano: ¿lo echaremos de menos? Un servidor, ahora mismo, que no lo ha vuelto a ver desde Lincoln (2012), ya no lo echaba de menos. Por supuesto que es un actor de talla elevada, pero de los que se meten tan en el pellejo de sus personajes que acaban rozando o cayendo en el exceso de composición o el exceso de máscara. Y el actor de cine, para muchos, es otra cosa: Richard Widmark siempre antes que Laurence Olivier. A los jubilados que uno echa de menos, y mucho, son Sean Connery y Gene Hackman. Ya son más de diez años de ausencia y, al ritmo que llevaban, más de veinte maravillosos personajes nos hemos perdido de cada uno de ellos. Qué le vamos a hacer. En cualquier caso, al trioscarizado Day-Lewis lo veremos y seguramente gozaremos en la próxima peli de Paul Thomas Anderson y, después, que tenga un feliz retiro.

 

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