La rutina y lo rutinario

Si las cuentas no nos fallan, esta semana se han estrenado en nuestros cines doce películas. Otra vez más, una barbaridad. Quien alcance a verlas todas acabará idiotizado. Por fortuna, no es el caso de este bloguero: sólo ha visto once. El balance es cualquier cosa menos halagüeño. En primer y peor lugar tenemos, multiplicada por tres, la Película Rutinaria de Cada Viernes: Un reino unido, Noche de venganza y Nunca digas su nombre. Rutinarias, ojo al dato, por desganadas o desnatadas, por carencia absoluta de estímulos y vitaminas. Otra cosa es la rutina en tanto que ese sistema de fabricación en cadena y a destajo de obras de género que marcó el magisterio hollywoodiense en tiempos pretéritos. Dicho de otro modo, un biopic convencional como Un reino unido sin duda lo hubiera redimido, con dosis de fe en el arte, un Sam Wood cualquiera; de una trama tan adocenada de policías corruptos como Noche de venganza habrían sacado jugo una compañía modesta como la Monogram o, más recientemente, el tenaz y riguroso Sidney Lumet, y en cuanto a Nunca digas su nombre, típico espantable de caserón con pasado sin átomo de originalidad, seguro que cuarenta años atrás, en manos de un Peter Medak o un Fred Walton, habría tenido más gracia. Y sin abandonar la rutina en ninguno de los tres casos, simplemente poniendo el acento ahí donde conviene, la sal y la pimienta justas. Aliños también ausentes, aunque el producto luzca mejor, de El círculo, el aséptico cyberthriller protagonizado por Emma Watson y Tom Hanks, futurología aplicada a un presente donde nuestras vidas están ya irremisiblemente programadas y teledirigidas por las grandes empresas de las redes.

El cine español, con seis representaciones, seis, es un todo a cien en el que caben la caligrafía pulcra digna de tv-movie de prestigio (El jugador de ajedrez), la postal de familia reunida con ribetes de candente crítica social y sentencias para la posteridad (Pasaje al amanecer), la fofa y mediocre coproducción con Argentina Casi leyendas, con un Santiago Segura jugando a la vez las cartas del rain man de Dustin Hoffman y el Forrest Gump de Tom Hanks, y el tópico documental de bustos parlantes, Herederos de la bestia, que no obstante se deja ver la mar de bien porque la materia explorada es nada menos que la inconmensurable El día de la bestia (1995). La sexta, Vivir y otras ficciones, promete, porque es del siempre estimulante Jo Sol, pero el bloguero todavía no la ha visto. En conjunto, como se ve, predomina, aquí también, la rutina rutinaria.

Contra la rutina, tres antídotos garantizados, lo mejor de la semana: Seoul Station, el contraplano anime de Train to Busan, confeccionado por su mismo autor, el excelente animador Yeong Sang-ho; la delicadeza formal y el calado trascendente de Z, la ciudad perdida, el nuevo filme de James Gray, cine de aventuras neoclásico, y el poderío de la canadiense Los demonios, primera obra de ficción del documentalista Philippe Lesage y una estremecedora mirada al universo frágil, desconcertado y desconcertante de la infancia, de severa escritura hanekiana y una crueldad interna que sin duda aplaudiría, aplaudirá o ya ha aplaudido el Jaime Rosales de Las horas del día (2003), película que deja eco audible en la de Lesage.

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