Pequeñas delicias

La alternativa contra el ruido y la furia, contra la exhibición de músculo y el tanque industrial, está en las pequeñas infiltradas en la mastodóntica cartelera, a veces deliciosos manjares para pituitarias (y retinas) entrenadas. Como, por ejemplo, La substància y La millor opció, dos producciones catalanas altamente recomendables. La primera, dirigida por Lluís Galter, el autor de Caracremada, es un documental en torno (en principio) a Kadakaisi, el llamado Cadaqués chino, a tiro de piedra de Xiamen, un espacio vacacional construido sobre el molde arquitectónico-urbanístico de la población ampurdanesa, y el primer interés de la obra lo suscita ese diálogo abierto entre las dos Cadaqués, o entre lo natural y lo artificial: Kadakaisi es un impoluto resort de lujo, entre la ciudad de vacaciones, ¡dígame! y la uniformizada villa de El prisionero (1967-1968). Pero hay muchas otras cosas en La substància, porque éste es un documental de cine, o de autor, no el típico saldo con alma de convencional reportaje televisivo que tantas veces se cuela en la pantalla grande. Un documental de la nueva ola, en la galaxia de Guerin, Mercedes Álvarez, Neus Ballús, Ricardo Íscar o Mauro Hence, entre otros tantos talentos que en los últimos tiempos están aportando savia nueva al género y dinamitando sus cimientos. En la película de Galter hay relatos orales (de aquí: el pintoresco historiador, por quien reverbera lo legendario; de allí: la chica que se balancea en un columpio y recuerda un momento crucial de su pasado), canciones melancólicas que puntean el retrato coral como en Río Grande (1952) y una observación muy rigurosa del presente, que en lo referente a las escenas rodadas en China recuerda poderosamente (grúas, rascacielos levantándose, etc.) al Jia Zhang-ke de The World (2004) o Naturaleza muerta (2006). Hay muchas más cosas en La substància, pero sobre todo hay un puñado de imágenes de una belleza ferozmente coruscante, ya sean planos generales o primeros planos de un rostro, unas manos abriendo un erizo de mar o una sardina asándose al fuego de leña.

Precisamente del campo documental (ahí está su aplaudida Hollywood Talkies) proviene Óscar Pérez, y ese background empapa las imágenes de La millor opció, que, siendo en esencia un filme de ficción, con la colaboración de actores profesionales (Mercè Pons, Francesc Orella), palpa la realidad, el ambiente (las hermosas poblaciones de Deltebre y Sant Jaume d’Enveja, en el Delta de l’Ebre, territorio que ya el cineasta exploró en El tram final), los personajes y sus situaciones cotidianas (las visitas al médico, la diálisis) y el conflicto central (también, como La substància, el choque de culturas, ejemplificado en el joven saharaui protagonista, escindido entre sus padres biológicos y los adoptivos) con el tono, con la textura del documental. Pérez mantiene a raya el sentimentalismo que asoma la oreja en el tramo final de la película, haciendo prevalecer el sentimiento desnudo, descarnado, que activa en el espectador una genuina emoción. La millor opció y La substància: dos películas que no deberían pasar desapercibidas.

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