Las imágenes del azar: programas dobles, triples, cuádruples y aun quíntuples

el hombre de kentucky

Estanterías atiborradas de vídeos acumulando polvo, viejos VHS que atesoran, contando al tuntún, unas cinco mil películas, y que ya propician una melancólica meditación sobre el tiempo, sobre la edad y sobre la caducidad, tanto la del objeto como la de su propietario, que siguen chutando, ojo, pero ya no son lo que eran. ¿Cuándo empezó todo? Una fecha orientativa, marcada a fuego en la memoria cinéfila: 29 de abril de 1980, día del fallecimiento de Sir Alfred Hitchcock. Poco después, TVE anunció un extenso ciclo como homenaje al mago del suspense. Era el momento idóneo, la excusa perfecta, para hacerse con uno de esos aparatos diabólicos que empezaban a circular en el mercado. Ese magnetoscopio que nos prometía una filmoteca selecta en casa. Hitch fue el primero en entrar en nuestro hogar para quedarse para siempre, y la obsesión compulsiva por el [REC] se adueñó de nuestras vidas. Al principio grabábamos una película en cada cinta VHS, pero pronto constatamos que, por razones de espacio y de bolsillo, convenía aprovechar hasta el último minuto y si cabían dos, pues dos. Años después, cuando renovamos el magnetoscopio, la nueva tecnología nos permitió grabar en LP, de manera que, en una cinta de 240 minutos, entraban ocho horas, cuatro o cinco largometrajes, a veces seis.

Hasta que el deuvedé desplazó definitivamente al VHS pasaron unos veinte años. Ahora, con el detenimiento del que no dispusimos durante esos cuatro lustros febriles ni en los tres siguientes, miramos con cariño y un ápice de nostalgia todos esos centenares de VHS y, entre otras cosas, descubrimos los maravillosos e irrepetibles programas dobles (y triples y cuádruples y…) que el azar concedió a cada cinta. Cada cual tendría su metodología, pero este bloguero, tal vez por las prisas y la urgencia, grababa una película tras otra, una cinta tras otra, sin reparar en sus contenidos. El caso es que la providencia unió los títulos más dispares y los invitó a dialogar, aunque a veces no tuvieran nada que decirse: ¡qué se van a decir, y en qué idioma (ni en el talante visual coinciden), Amando de Ossorio y Vincente Minnelli, eternamente encadenados en un VHS que contiene El buque maldito (1974) y Como un torrente (1958)! Más joyas contrastadas, ahora en programa triple: Las aventuras de Taxi Key (1959), Al volver a la vida (1948) y El prado de Bezhin (1937). Otro trío de la bencina, que no de la vecina, y seudopsicotrónico: Mr. Moto’s Last Warning (1939), La noche de Walpurgis (1971) y Trampa para Catalina (1961). Ahora un programa cuádruple de relamerse: The Devil Is a Woman (1935), El hombre de Kentucky (1955), The Blob (1958) y El Golem (1920). Y un programa doble, un tesoro, de veras singular: Limite (1931), de Mario Peixoto, y Man of Flowers (1983), de Paul Cox.

Lo gratificante del asunto es coger una de esas cintas y degustarla de carrerilla, una película tras otra, a lo largo de una tarde-noche, una función para la que no estuvo programada. Y para tal experiencia gozosa, valga un VHS con, en este orden, Stalker (1979), Santo contra los zombies (1961), So Dark the Night (1946) y Lío en los grandes almacenes (1963), más un documental (algo así como el No-Do de un país bien educado) en torno a la etapa norteamericana de Jean Renoir entre el segundo y el tercer largometraje. Un orden que, sin pretenderlo, tiene su sentido. La sesión arranca con un latigazo de espesor hipnótico, un viaje fascinante al centro de la mente humana. La delirante epopeya del luchador mexicano desengrasa y ayuda a la digestión, como un sorbete de limón, después de la ducha de densidad metafísica de Tarkovski, y predispone, previo paso por el didáctico reportaje renoiriano, a reemprender el ágape con el modélico thriller de serie B de Joseph H. Lewis. Y de un Lewis a otro Lewis y tiro porque me toca: acabamos el pantagruélico festín con la obra maestra de Tashlin, un trago largo de salud y felicidad. Grandísimo programador el señor Azar. Henri Langlois habría alucinado percebes con estos programas múltiples.

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