“Viridiana” invicta

Viridiana

Estos días hemos visto en la tele el anuncio de una cerveza protagonizado por Josema Yuste y Millán Salcedo, ambos sentados en un sofá, bebiendo y contemplando en un televisor las imágenes de su sketch de Nochevieja de 1985, el de la Encarna de Móstoles y las empanadillas. Es un sketch ya mítico, celebrado incluso por quienes en aquellas fechas no habían nacido todavía o se entretenían con el sonajero. Casualmente esas imágenes constituyen el núcleo de la comedia Nacida para ganar, de Vicente Villanueva, estrenada este viernes. Su arranque viaja a ese fin de año, que de alguna manera forja a la protagonista, que es entonces aún una niña, vive en Móstoles y se llama Encarna. El desenlace de la película (ojito, que algunos entenderán que esto es un spoiler) transcurre en otra Nochevieja, treinta años después, y convoca al mismísimo Millán Salcedo, a quien nuestra heroína (formidable Alexandra Jiménez) adora. El paso de los años, sin embargo, ha causado grietas, ya todo se contempla con otros ojos, más desencantados. Y ahí es donde Nacida para ganar desmonta y entierra los mitos de nuestra cultura popular. El sketch de Martes y Trece parece tambalearse, al igual que la imitación de Gloria Fuertes: “Ya no tiene gracia”, le dice Jiménez a Salcedo cuando, a su requerimiento, éste imposta la voz de la añorada poetisa. Una frase contundente, algo así como escuchar que, en los últimos años de su vida, Tom Doniphon ya no llevaba revólver. ¿Los tiempos han cambiado?

Para algunos no. Algunos siguen obstinados en vivir en el pasado. Ahora mismo Fernando Esteso protagoniza Re-emigrantes, de Óscar Parra de Carrizosa, cuyo póster evoca sin disimulos la edad de oro del cómico en las farsas de Ozores. Quienes tampoco se cortan un pelo lavando cerebros en esta dirección son los programadores de TVE. Cine de barrio, claro está, sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso. Y ahí siguen Cuéntame, Ochéntame otra vez y el Viaje al centro de la tele narrado por Santiago Segura. TVE sigue viviendo muy feliz en Eurovisión, en las galas del sábado con ventriloquia, en las Nocheviejas con Martes y Trece. Luego está Historia de nuestro cine, que es un programa importante, necesario, altamente didáctico, pero el hecho de que esta semana todas sus películas (Currito de la Cruz, Los clarines del miedo, El espontáneo, El monosabio y Sangre y arena) estuvieran ambientadas en el mundo taurino no ha hecho otra cosa que acentuar el hedor carpetovetónico que exhalan, hasta el desmayo, las dos cadenas públicas estatales.

En lo que a cine español atañe, la ecuanimidad, el rigor y la reflexión estos días emanan de la revista Caimán. Cuadernos de cine, que este mes de mayo celebra sus primeros cien números (hasta el 51 con la cabecera Cahiers du Cinéma España) con un especial (cien páginas muy instructivas) sobre nuestro cine que incluye una consulta a 350 especialistas que votan sus diez película preferidas. Como escribía Jordi Balló en las páginas de La Vanguardia, “350 personas de ámbito internacional son muchas, y las listas que surgen tienen su peso, marcado por una profunda diversidad”. Del recuento y suma de todas las votaciones emerge como vencedora Viridiana (1961), de Luis Buñuel, con 227 votos, veinte más que El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, situada en envidiable segundo lugar. La lista de las cien películas capitales la cierra Embrujo (1947), de Carlos Serrano de Osma, con cinco votos. De ese centenar, el título más antiguo es Un perro andaluz (1929), de Buñuel, y los más recientes La isla mínima, de Alberto Rodríguez, y Magical Girl, de Carlos Vermut, ambos de 2014. Tengo el convencimiento de que este número de Caimán, sin ánimo de sentar cátedra, será un punto de referencia para estudiosos durante mucho tiempo. Hasta el número 200 y más allá.

 

Anuncios