Pere el incombustible

informe general II

Muy joven, Pere Portabella fue productor de Los golfos (1960), El cochecito (1960) y Viridiana (1961). El influjo de Buñuel se palpa ya en sus dos primeros trabajos como director, el mediometraje No compteu amb els dits (1967), un certero revés al auge de la publicidad audiovisual, y el largometraje Nocturno 29 (1968). El dedo en la llaga del clero, por ejemplo, nos proponía, en la primera, la imagen memorable e hiperrealista del afeitado de un cura en la barbería, navaja al cuello, y, en la segunda, el montaje paralelo de obispos en la catedral y muñecos grotescos de un teatro de marionetas. En Nocturno 29, el plano de una mano llamando a un timbre que, en sobreimpresión, se convertía en pezón de mujer se diría un descarte de La edad de oro (1930), como también podía serlo la escena del hombre que, viendo la tele (un desfile de la Victoria, nada menos: ¿gol a la censura?), se sacaba los ojos. Claro está que la polifonía del filme nos traía otros ecos: el lujo de palacios, jardines y glorietas era digno de Visconti, y algunos de los más radicales pasajes surreales (Lucía Bosé y sus juegos sensuales con los engranajes de una extraña máquina en una sombría nave industrial) hoy hacen pensar en el Lynch de la futura Cabeza borradora (1977). Otra reverberación: como Godard, el cine de Portabella era y seguiría siendo rotundamente moderno, y en él se detecta un profundo interés por revelar, desde el ensayo, la realidad más inmediata. Los primeros títulos de Portabella coinciden en el tiempo con las obras señeras de Nunes, Jordá, Carles Duran o Jacinto Esteva, es decir, la llamada Escuela de Barcelona. Fueron años de fecunda creatividad, incomparables, alimentados por un contagioso frenesí artístico. Portabella continuó experimentando en otras obras capitales de nuestro cine, como Vampir-Cuadecuc (1970), suerte de making of vanguardista de la película de Jesús Franco El conde Drácula (1970), cuyo protagonista, Christopher Lee, reaparecerá en la posterior Umbracle (1972), auténtico filme-manifiesto de su estilo e inquietudes, un fascinante collage en el que se dan la mano el Museo de Zoología barcelonés, una función de payasos, el actor inglés cantando ópera y recitando El cuervo de Poe, imágenes de slapstick de Keaton, Chaplin, Harold Lloyd y Laurel & Hardy, reflexiones sobre la censura cinematográfica y el cine alternativo a cargo de Román Gubern o Joan Enric Lahosa y largos fragmentos de El frente infinito (1959), de Lazaga, entre otras muchas cosas.

Sus colaboraciones con el poeta Joan Brossa y el músico Carles Santos y sus retratos sui generis de Joan Miró y sus creaciones en varios cortometrajes dan fe del empeño multidisciplinar de Portabella: el cine como un río caudaloso cuyas aguas acogen todas las artes y toda la poesía del mundo. Sus obras más abiertamente políticas (Poetes catalans, 1970; El sopar, 1974, o Informe General sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública, 1977) anuncian al político que él mismo será (senador y diputado) y que le mantendrá alejado del cine hasta su regreso, en 1989, con la portentosa y desafiante Pont de Varsòvia, su película plásticamente más bella, con imágenes tan imborrables como la del cadáver del submarinista en medio de un bosque calcinado. Nuevo regreso poderoso, casi veinte años después y unos pocos cortometrajes: Die Stille von Bach (2007), otra experiencia sensorial y antinarrativa aferrada a su credo visual, amalgama de ideas, conceptos, poesía y pensamiento abstracto respirando a pleno pulmón.

Y ahora, casi otro decenio después, a punto de cumplir, el próximo día 11 de febrero, 87 años (aunque según algunas fuentes nació en 1927, no en 1929, como indican la mayoría), Pere Portabella estrena su nueva película, Informe General II: El nou rapte d’Europa, otro jugoso, personalísimo reportaje que, como el del 77, toma la temperatura a nuestro presente político, social, cultural e incluso científico con una elocuencia desarmante: en dos horas de metraje (menos que el primer Informe, que casi alcanzaba las tres), el cineasta sintetiza lo que miles y miles de horas de telediarios y tertulias televisivas han vomitado en los últimos cinco años, ofreciendo una visión cabal de (y una reflexión cabal sobre) la crisis económica, los deshaucios, el 15-M, la emergencia de los nuevos partidos, el desafío independentista, el cambio climático, etc.; vamos, todo un escáner de “la que está cayendo”, como borreguilmente se dice. Insobornable e inalterable mantiene Portabella su compromiso político, ético y cívico. A su edad, tanta lucidez y vitalidad creativa tal vez proceda de una dieta veraniega fetiche en su larga biografía: el suquet de peix.

 

 

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