Recuerdo de Fred Dekker

pesadillas

Pesadillas es una simpática fantasía basada en los libros del escritor multiventas R. L. Stine, a quien en la película, en un inspirado juego metaficcional, interpreta el siempre entonado Jack Black en registro de mad writer (el verdadero Stine tiene al final un divertido cameo). Los animados créditos finales, magníficos, dan cuenta de un equipo de altos vuelos. El director de fotografía es el eibarrés Javier Aguirresarobe, que ya se está labrando una brillante carrera en el cine americano. La banda sonora, muy burtoniana (éste era un proyecto que Tim Burton acarició durante años), es de Danny Elfman. El guión lo firman Scott Alexander y Larry Karaszewski, expertos fabricantes de biopics: a Burton, precisamente, le sirvieron los de Ed Wood y Margaret Keane, y a Milos Forman los de Larry Flynt y Andy Kaufman. Y  el director, en fin, es Rob Letterman, de quien, tras El espantatiburones, Monstruos contra alienígenas y Los viajes de Gulliver, no puede decirse que la materia fantástica le sea ajena. La película, obviamente, está muy orientada al público adolescente y su caligrafía, una vez más, remite a los venerados ochenta. Pero en espíritu va más allá de esa década y abraza mucha tradición del cine fantástico clásico, con homenajes aquí y allá de lo más selecto de la serie B. The Blob, protagonizada en 1958 por un jovencito Steve McQueen, es uno de los títulos explícitamente citados. Y la galería de monstruos convocada no tiene desperdicio. Tenemos a un abominable hombre de las nieves, un puñado de zombies, robots de juguete, plantas carnívoras de inequívoco perfume cormaniano, hombres lobo, un saltamontes gigante, una legión de enanitos de piedra (esas figuras con que la gente cursi decora su jardincito) que protagonizan en la cocina una escena muy gremlins y un endemoniado muñeco de ventrílocuo, la criatura más inquietante, que recuerda a la vez a la de Magic (1978) y a la del inolvidable episodio de Alberto Cavalcanti de la colectiva Al morir la noche (1945). Toda esta fauna la mete Letterman en una aventura que funciona con apreciable nervio, sin tiempos muertos, y cierto sentido de la poesía: el parque de atracciones abandonado, que de noche la joven protagonista ilumina para su secuencia romántica con acné, tiene un nada desdeñable toque de magia.

Viendo Pesadillas, el recuerdo de El terror llama a su puerta (1986) y Una pandilla alucinante (1987) vino de inmediato a la memoria. Eran dos películas escritas y dirigidas por Fred Dekker, que homenajeaban al cine de terror del pasado con un ingenio y un humor dignos de Joe Dante. En El terror llama a su puerta, por ejemplo, los personajes se apellidaban Hooper, Carpenter, Romero, Raimi, Cronenberg, etc., y la Universidad que aparecía se llamaba Corman. Una pandilla alucinante venía a ser un generoso machihembrado de Los goonies (1985) y La zíngara y los monstruos (1944), con Frankenstein, Drácula, el hombre lobo y la momia, entre otros, como ínclitos invitados. Dekker fue también el coautor, con Menno Meyjes, del excelente guión de Ricochet (1991), el muy reivindicable thriller de Russell Mulcahy. Y el realizador (y coguionista con Frank Miller, nada menos) de la gozosísima RoboCop 3 (1992), que contenía ideas tan descabelladas como la de hacer volar al ferruginoso héroe tal que Superman. Lamentablemente, Dekker ya no dirigió ninguna película más. Ha escrito algunos (pocos) guiones para televisión y ya nadie o casi nadie se acuerda de él. Pero por esos cuatro trabajos citados merece nuestro más sincero reconocimiento.

 

 

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