Adiós 2015, bienvenido 2016

la academia de las musas

Seguimos todavía repantingados en el sillón áureo del séptimo cielo, con los pies colgando y las imágenes de Star Wars: El despertar de la Fuerza revoloteando en la sesera. “Un cadáver de luz ciega nuestros ojos”, escribía allá por los años sesenta Pere Gimferrer en un excepcional ensayo sobre el influjo de la nostalgia adherida al cine de Tourneur, Garnett, Dwan, etc. Es esa misma nostalgia la que, en la contemplación del filme de J. J. Abrams, nos lleva más allá de la propia La guerra de las galaxias, su modelo; nos arrastra (ya Lucas obró el mismo milagro) a un pasado aún más lejano trufado de alfombras mágicas, caballos voladores, dunas prestas al hechizo, Sabu y Maria Montez y Harryhausen y Simbad y princesas de pómulos technicoloreados y…

Una de las grandezas del cine ha sido siempre constatar cómo los extremos se tocan y, en su diferencia, llegan a sembrar un mismo grado de placer al cinéfilo omnívoro. J. J. Abrams y José Luis Guerin viven en universos sitos en las antípodas, pero la pasión por la imagen los hermana. En Guerin, el “cadáver de luz que ciega nuestros ojos” procede de otra dimensión, opuesta a la de Abrams aunque de pareja fascinación. Su cine nos retrotrae a la observancia vertoviana, al rostro de la Falconetti y a las nubes que cruzan los planos de Renoir. De la misma manera que el fumador empedernido enciende pitillos, compulsivamente, en cada momento del día, Guerin pone en funcionamiento su cámara y filma, filma, filma; es un gesto para él tan natural como respirar, que no requiere protocolos programáticos previos. Y, así, un buen día se puso a filmar, invitado por él, a su amigo Raffaele Pinto, napolitano afincado en la Ciudad Condal y profesor de filología italiana en la Universidad de Barcelona, impartiendo clases. Fue el inicio de un work in progress no premeditado, que acabaría conformando La academia de las musas, su nuevo largometraje. Al principio vemos a Pinto en sus tareas ante los alumnos (y, principalmente, alumnas), disertando sobre lo divino y lo humano, entre Orfeo y Dante, entre Pinto y Valdemoro. ¿Una película sobre diálogos socráticos? No, o no exactamente. Porque pronto constatamos que, imperceptiblemente, los personajes, extraídos de la realidad más inmediata, se ponen la máscara de la ficción. Y los géneros se pelean por llegar primero a la meta: del documental estricto de salida a la comedia casual y al melodrama, con paréntesis o intermedio antropológico ubicado en Cerdeña: puro Guerin. El resultado, en palabras de Sergi Sánchez, es “una película libre y salvaje, felizmente apasionada”.

La academia de las musas, estrenada el día 1 de enero, es la primera obra maestra de 2016. Star Wars: El despertar de la Fuerza fue la última de 2015, un año pletórico que invita a pedirles a los agoreros su inmediata jubilación. Porque 2015, Star Wars al margen, nos ha obsequiado mucho cine de calidad, y muy variado. Ahí van unas cuantas muestras: La cumbre escarlata, Slow West, Spectre, El puente de los espías, Birdman, Les combattants, Bernie, Lío en Broadway, Timbuktu, Negociador, La profesora de parvulario, Syria Self Portrait: Silvered Water, Pos eso, Lo que hacemos en las sombras, It Follows, Deuda de honor, A esmorga, Corn Island, Whiplash, Mi gran noche, Fuerza mayor, Puro vicio, El club, El clan, Pasolini, Misión: Imposible. Nación secreta, Taxi Teherán, Un dia perfecte per volar, Irrational Man, Aguas tranquilas, La oveja Shaun: La película, La visita, Anacleto: Agente secreto, Mandarinas, Mad Max: Furia en la carretera, Papusza, Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia, Del revés, Viaje a Sils Maria, El pequeño Quinquin, Amar, beber y cantar, Isla bonita, Operación U.N.C.L.E., Life, Los exiliados románticos, El desafío, Macbeth, Paulina, 45 años o La calle de la amargura. Hay más, pero me limito a citar cincuenta espléndidas películas para demostrar que, período de vacaciones excluido, se puede ir cada semana al cine y salir de él plenamente satisfecho, muy feliz.

Más allá de los estrenos en gran pantalla, hay que loar la perseverancia de algunos sellos editando, en estos tiempos de crisis espeluznante, maravillas a granel. Por ejemplo, los programas dobles de Los imprescindibles de El Corte Inglés, que este año ido lanzó, entre otros, un doble DVD con dos De Mille (Madame Satán y Náufragos en la jungla) y otro con dos Mamoulian (Aplauso y Ámame esta noche), manjares de dioses. Otras dos joyas: el lujoso Bluray de A Contracorriente con la integral de Jacques Tati y, de la mano de Cameo, Del trazo al píxel: Un recorrido por la animación española, atiborrado de perlas para todos los paladares; para quienes, como este bloguero, crecieron adorando al Muntañola del TBO, ver ahora la creación del maestro en movimiento es un placer incomparable. Fructífera, igualmente, la publicación de libros de cine de 2015, entre los que urge destacar El mundo, un escenario. Shakespeare: el guionista invisible, de Jordi Balló y Xavier Pérez, también en edición catalana: un viaje a los intestinos del dramaturgo a través de su huella en las imágenes del cine (de todos los tiempos) y las teleseries señeras; como escribía Marcos Ordóñez en su reseña, “que Shakespeare lo inventó todo (o casi todo), se ha dicho ya, pero pocas veces con la claridad, la minuciosidad, la pasión contagiosa y la alegre erudición de este libro”.

¡Feliz 2016!

 

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