Salpicón de saldos (con tropezones de Sitges)

juana a los 12

 

Robert Redford (79 años) y Nick Nolte (74) son ya bastante más viejos que James Stewart (62) y Henry Fonda (65) cuando, en 1970, interpretaron El club social de Cheyenne. En cada una de sus arrugas se lee el cine que viene de lejos. Se pueden permitir, como los añorados antiguos astros, cabalgar juntos y que sus siluetas proyecten sombras del pasado. O andar juntos, para ser más exactos. Eso es lo que hacen en Un paseo por el bosque (un paseíllo de nada menos que 3.500 kilómetros), una película de Ken Kwapis que, precisamente por ser Ken Kwapis, es de Nolte & Redford en exclusiva. Al cine vamos muchas veces, y con mucha ilusión, a saludar a viejos amigos, y ésta es una de las ocasiones en las que el saludo merece la pena.

Un paseo por el bosque es una de las tropecientasmil películas estrenadas el pasado viernes loco; un ecléctico alud de novedades, o de saldos que se supone han de sacarse de encima distribuidores y exhibidores para dejar paso esta semana, a las doce de la noche de la misma madrugada entre jueves y viernes (como un inicio de campaña electoral), al acontecimiento del año, de la década, de todos los tiempos: el capítulo séptimo de Star Wars. Papá o mamá es la enésima mamarrachada vendida como comedia popular francesa fresca y divertida. Phantom Boy, el último trabajo de los autores de Un gato en París (2010), cine de animación bello y singular. La pieza para minorías selectas, aplaudida por la crítica seria, es O futebol, de Sergio Oksman. El exotismo, de matriz felliniana, lo aporta El cuento de los cuentos, el nuevo largometraje de Matteo Garrone. La novia, de Paula Ortiz, a los dos días de su estreno ya merece plaza de honor en las candidaturas de los próximos Goya; a este bloguero le parece una obra desigual y de dudosa estética, aunque el trabajo de Inma Cuesta es de un poderío impresionante. Dope es endeble y fatigosa, el enésimo retrato de las malas calles y las malas vidas de un grupo de jóvenes afroamericanos, con ecos de Spike Lee y John Singleton. Ya ven lo florida y variada que es la oferta. Sigamos.

Párrafo aparte merece el nuevo Sitges tour que la distribuidora A Contracorriente nos propone por segundo año consecutivo. Cuatro títulos programados en la última edición del festival suburense. También aquí prima el eclecticismo. De estricto género fantástico son Bloodsucking bastards, un poco distinguido ejercicio a lo Edgar Wright (híbrido de sitcom a lo The Office y orgía vampírica gore) y Turbo Kid, aventura postapocalíptica juvenil y granguiñolesca con ecos de Mad Max y una realización que mira con descaro al cine de los ochenta: casi parece un homenaje a Brian Trenchard-Smith. The Salvation, un western danés con ínfulas de spaghetti, y un thriller francés gélido y austero, La próxima vez apuntaré al corazón (la más interesante del cuarteto) completan el menú.

Pero la película más notable de la semana, sin ningún lugar a dudas, es la argentina Juana a los 12, de Martin Shanly, un sensible retrato de la preadolescencia narrado en voz baja, más bien susurrado, atento al gesto cotidiano y al detalle en apariencia insignificante pero cargado de sentido. Shanly tiene muy clara la complejidad del tema y prefiere mostrar a demostrar o diagnosticar: consciente de que penetrar en la mente de la protagonista (su propia hermana menor: Rosario Shanly, estupenda) es tarea imposible, se limita a dejarla respirar al natural y que de esa respiración nos lleguen partículas que nos conmuevan.

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