Ocho apellidos internacionales: Prowse, Dean, Jimenez sin acento, Martínez y Lázaro que no son dos sino uno, Tomlin, Garner, Baumbach y Gerwig

david prowse

1: “Star system” sin rostro

Su fascinación, siendo niño, por los godzillas japoneses llevó a Tim Burton a desear ser, de mayor, el hombre oculto bajo el disfraz de dinosaurio. Venturosamente, el destino le llamaría para ejercer labores más creativas. A David (o Dave) Prowse, un inglés de Bristol nacido en 1935, no se le conocen deseos de infancia, pero el destino le marcó una fecha crucial en el calendario de su vida, que al pequeño Burton le habría encantado: 1977. Ese año sería contratado por George Lucas, que le ofreció (a elegir) dos personajes de La guerra de las galaxias: el peludo y servicial Chewbacca o el siniestro Darth Vader. Atraído, aun sin conciencia de lo que eso llegaría a significar en la historia de la humanidad, por el lado oscuro de la elección, Prowse se decantó por el segundo. Su físico le era propicio: un gigantón macerado en el noble arte de la halterofilia y ya con una larga aunque modesta filmografía a cuestas, con muchos secundarios en televisión y bastante cine, donde fue criatura de Frankenstein en Casino Royale (1967), El horror de Frankenstein (1970) y Frankenstein and the Monster from Hell (1974); una filmografía, como se ve, marcada por sus dotes corporales antes que por las actorales. La cuestión es que dar con una figura totémica como el villano de La guerra de las galaxias ha sentenciado la existencia de Dave Prowse, que lleva ya casi cuarenta años viviendo de él, por mucho que su voz fuera doblada por James Earl Jones y su rostro, en la única escena en que aparece de la primera trilogía filmada, al final de El retorno del Jedi (1983), sustituido por el de otro actor, un disgusto para él todavía hoy, a sus ochenta años, no superado.

Prowse es el centro de atención de I Am Your Father, el documental de Toni Bestard y Marcos Cabotá estrenado en cine esta semana, un apetitoso aperitivo para atemperar el hambre antes del prometido festín de J. J. Abrams. La película es altamente instructiva para conocer al hombre detrás (o dentro) de Darth Vader y descubrir una docena de anécdotas. Por ejemplo, ¿por qué Prowse, que se pasa media vida de convención en convención, de festival en festival (en Sitges estuvo en 2004), tiene prohibida la entrada en las convenciones oficiales, las que llevan el sello George Lucas? También conocerán a un Prowse psicotrónico: el personaje de Green Cross que encarnó en una serie de anuncios para evitar accidentes de tráfico infantiles, algo así como la versión british del primo de Zumosol. ¿Sabían que, mucho antes de que los guionistas de El imperio contraataca (1980) decidieran que Darth Vader sería el padre de Luke, Prowse ya lo pronosticó en una entrevista? I Am Your Father probablemente pecará de idolatría y de exceso de protagonismo de Cabotá, pero sin duda ofrece generosas dosis de material para entretener a las legiones de fans de la saga galáctica. Y es un homenaje no únicamente a Prowse, sino a todos aquellos actores que han pasado a los anales ocultando total o parcialmente sus rostros con profusión de maquillaje o máscaras diversas: por sus imágenes desfilan también Lon Chaney, el Max Schreck de Nosferatu (1922) o Robert “Freddy Krueger” Englund.

 

2: Variedad de ofertas

Otro puñado de películas, de los más variados registros, coincide con I Am Your Father en los estrenos de la semana. El título más brillantes es, sin lugar a dudas, Life, de Anton Corbijn, una personalísima aproximación a la figura de James Dean en el corto período que va de la première de Al este del edén (1955) a los días previos al rodaje de Rebelde sin causa (1955), cuya acción se centra básicamente en las relaciones de la joven promesa con el fotógrafo que inmortalizó su imagen en una serie de modélicas instantáneas. De espaldas al biopic convencional y sin pulsar ningún registro melodramático al uso, extrae del personaje un desgarrador y creíble pathos al tiempo que nos ofrece una pintura de época francamente lograda.

Al lado de Life, Grandma y Mistress America aparecen obras más bien deslucidas, aunque no carentes de interés. La primera interesa por el cara a cara entre la veterana Lily Tomlin y la joven y estupenda Julia Garner, abuela y nieta en la ficción, y por el tono un tanto antiguo con que está formulada esta comedia agridulce, que hace pensar en algunas películas de Paul Mazursky o Hal Ashby de los años setenta. Mistress America supone el nuevo encuentro entre el director Noah Baumbach y la actriz Greta Gerwig, siempre un placer, aunque esta vez no alcanzan la gracia alada ni transmiten el profundo zeitgeist de la magnífica Frances Ha (2012). Competente aunque mimético es el filme policíaco francés Conexión Marsella, de Cédric Jimenez, un polar tradicional con ínfulas  scorsesianas sobre el narcotráfico marsellés de los años setenta, el mismo que combatía el entrañable policía Popeye.

La decepción de la semana, rotunda y unánime, ha sido Ocho apellidos catalanes, secuela confeccionada con el piloto automático de una ingeniosa comedia de éxito arrollador. Emilio Martínez-Lázaro ya demostró en Los dos lados de la cama (2005), secuela de El otro lado de la cama (2002), que las segundas partes no son lo suyo. De su nueva película se salvan algunas líneas de diálogo y media docena de réplicas inteligentes. Y, si merece la visita, es por la gran Rosa Maria Sardà, a quien los guionistas le han montado, a su medida, su propia película, que no es otra que la versión con barretina y calçots de “Goodbye, Lenin” (2003).

 

 

 

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