Mucho Lubitsch

el abanico de lady windermere

1: Noventa años y tan joven

Parecía una temeridad (y de hecho lo era) adaptar El abanico de Lady Windermere, la celebrada obra de Oscar Wilde, a un arte privado todavía (en 1925) de la palabra. Pero Ernst Lubitsch era ya entonces mucho Lubitsch, y el reto se tradujo en una insuperada obra maestra. El cineasta alemán ya sólidamente afincado en Hollywood consiguió una pintura acertada (y acerada) de la aristocracia londinense manteniendo una armonía inalterable entre la frivolidad de la trama y la agudeza psicológica: caracteres, conductas, vicios, flaquezas y antojos aparecen retratados mediante una finura caligráfica fascinante y un sentido de la observación mayúsculo. Cada fotograma de El abanico de Lady Windermere es cine en estado puro. Veamos tres ejemplos.

Uno: En las carreras de Ascot constatamos que lo que de veras interesa a los asistentes nada tiene que ver con la hípica: gracias a un dispositivo visual de primer orden, en el que imperan los prismáticos y lo que a través de ellos se otea, Lubitsch arremete contra los chismorreos ininterrumpidos de esas emperejiladas damas tan atentas a la posible aparición de canas en los cabellos de la Sra. Erlynne.

Dos: Para expresar gráficamente la erosión de las relaciones a través del tiempo y la rutina, el director rueda dos escenas consecutivas donde una misma situación (la visita de Lord Augustus a la Sra. Erlynne) y los mismos actos se reproducen por segunda vez de manera harto distinta de la primera, o lo que va de la cortesía extrema a la extrema vulgaridad.

Y tres: En la segunda de esas escenas, un objeto tan corriente como el anillo de un puro sirve para desterrar de cuajo un súbito ataque de celos. Si, según la sabiduría popular, una imagen vale más que mil palabras, una imagen de Lubitsch vale más que un millón.

El abanico de Lady Windermere cumple este año de gracia y desgracias y tragedias (París, ayer mismo) noventa de existencia. Peinen las comedias que se producen hoy y, si encuentran algo parecido a lo de Lubitsch, por minúsculo que sea, den noticia.

 

2: Hallazgo insólito en una cartelera del futuro (inminente)

Jefe, he detectado una película, en una pequeña sala del extrarradio, que no pertenece a ninguna franquicia, ni es un remake, ni una secuela, ni un reboot, ni un spin off, ni un crossover… Lo juro, jefe, créame.

 

 

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