Va de terror (y II): “It Follows”

it follows

1: David Robert Mitchell

A veces, un par de planos bastan para dar cuenta de un realizador dotado para la composición. En The Myth of the American Sleepover (2010), película coral de ligues y fiestas inusualmente madura, un cruce de miradas entre chico y chica en el supermercado, rodado en virtuoso plano-contraplano, exhalaba una sensualidad infrecuente en el trillado marco de los romances adolescentes. Carne fresca de Sundance, The Myth of the American Sleepover es el primer largometraje de David Robert Mitchell, de quien ahora se estrena el segundo, It Follows, una cinta de terror independiente que reafirma a Mitchell como cineasta de intachable  elegancia formal. No es el terror de efectos y sustos al uso, más bien al contrario: de tono esencialmente realista, It Follows basa su fuerza en una historia sobrenatural que va creciendo en inquietud sobre la marcha pero relajadamente. El prólogo, eso sí, es raudo y brutal. Una chica huye despavorida, aterrorizada, de su casa, coge el coche y desaparece. La vemos de inmediato en una playa solitaria, de noche, llamando a su padre por el móvil en lo que se intuye una despedida. Al amanecer la vemos muerta sobre la arena, con una pierna partida. Es un arranque de impacto, que deja en la atmósfera un enigma que ya no se desprenderá de las imágenes, aunque sean tan relajadas como las que vienen a continuación: otra chica, la protagonista, tomando tranquila y silenciosamente un baño en la pequeña piscina de su jardín, mientras oímos a los pájaros cantar, una ardilla se desplaza de un árbol a otro, una hormiga corretea por el brazo de la bañista… Estupenda maniobra la de Mitchell al contraponer el prólogo a esa escena: sin aquél, estas imágenes de paz y quietud no tendrían la densidad conceptual que tienen después de haber palpado el horror. La delicadeza del tono pervivirá todo el metraje, pese a que, como es de suponer, la tensión comparecerá en varios momentos. No habrá explicaciones, ni falta que hace, sobre el origen del mal, pero sí sobre cómo se transmite: fornicando, nada menos, una idea subversiva de primer orden. Hay evidentes ecos del John Carpenter de La noche de Halloween (1978) en la puesta en escena (y en algunos pasajes de su banda sonora), especialmente en la manera de planificar y mover sinuosamente la cámara en la zona residencial de la protagonista, muy parecida a la de Jamie Lee Curtis, ambas observadas, vigiladas y perseguidas, en el caso de Carpenter por un psicópata, en el de Mitchell por un fenómeno insondable. La serenidad expositiva de It Follows llega incluso a que la podamos comparar, sobre todo en la escena de la playa con la heroína y sus solidarios amigos matando el tiempo muerto sin pronunciar palabra, con el maestro Kitano. Retengan este nombre: David Robert Mitchell.

2: The Peter Graves connection

Es curioso (y probablemente diga cosas sobre los gustos cinematográficos del autor) que los jóvenes personajes de Mitchell, cuando se tumban en el sofá a ver películas (fantásticas) por la tele, no consuman Rob Zombie, Marcus Nispel o James Wan. ¿Qué ven? En The Myth of the American Sleepover, nada menos que un viejo kaiju eiga. En It Follows hay dos escenas de películas de ciencia ficción en blanco y negro. Una de ellas es Killers from Space, dirigida en 1954 por W. Lee Wilder, el hermano de Billy Wilder. La aparición en la pequeña pantalla de su protagonista, Peter Graves, nos invita a recordar a este actor, el inolvidable James Phelps de Misión: Imposible, y a echar lazos. En cine, Graves fue generalmente presencia secundaria, pero ahora conviene señalar que en los años cincuenta fue principal y un pequeño icono de la S/F de serie B, por no decir Z. Además de Killers from Space, protagonizó Red Planet Mars (1952), It Conquered the World (1956) y Beginning of the End (1957). It Conquered the World, del gran Roger Corman, es antológica por la ridícula criatura extraterrestre que espantaba al respetable, algo parecido a una berenjena de cartón, con dientes y pinzas de bogavante. Red Planet Mars la dirigió, ojo, un gran tipo, Harry Horner, que a la historia del cine ha pasado con letras de oro como art director, dos veces oscarizado como tal: por La heredera (1949) y por El buscavidas (1961); pero no se manejó mal como director: ahí está The Wild Party (1956), notable film noir con Anthony Quinn. Y Beginning of the End es uno de los numerosos productos de Bert I. Gordon, distinguido fabricante de deliciosas fantasías como The Cyclops (1957), Attack of the Puppet People (1958), El pueblo de los gigantes (1965) o El alimento de los dioses (1976). La gran noticia, si hacemos caso de internet, es que B.I.G. (sus iniciales, que coinciden con su tendencia temática al gigantismo) está vivo, tiene 92 años y, atención, al parecer el año pasado volvió a la dirección tras un cuarto de siglo de inactividad. Él mismo lo confirmaba en su cuenta de Twitter (¡nonagenario y al día!) el 14 de febrero de 2014: “My new movie I directed, Secrets of a Psycopath, is finished”. Cuánto se aprende con It Follows.

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