Va de terror (I): “Poltergeist”

las minas del rey salmonete

1: La dignidad del “remake”

Todos los clásicos del cine de terror de los años setenta y ochenta tuvieron inmediata descendencia en forma de secuelas: La matanza de Texas, Viernes 13, Posesión infernal, La noche de Halloween, Las colinas tienen ojos, etc. Pero el paso del tiempo, los relevos generacionales, el auge de los efectos digitales que aportan hiperrealismo ya que no necesariamente vitaminas y el afinado hocico de los gerifaltes del ramo han decretado estos últimos años que todas estas series han de ser objeto de un remake (y, si la cosa funciona, que diría Woody Allen, nuevas secuelas a partir del nuevo remake). Todas las películas citadas han tenido ya su pertinente remake, contra todo pronóstico no ya estimables, sino en algunos casos de nivel superior al original: Viernes 13 en manos de Marcus Nispel (2009) y Las colinas tienen ojos en las más transgresoras de Alexandre Aja (2006) no ofrecen ningún género de duda al respecto.

Precisamente el autor de Posesión infernal, Sam Raimi, que como productor acertó al elegir al uruguayo Fede Alvarez como director de la nueva versión de su antológica ópera prima, produce ahora a través de su sello Ghost House el remake de Poltergeist (1981), de Tobe Hooper. O de Steven Spielberg. O de Steven Hooper o Tobe Spielberg (el mejor juego de palabras sobre la escurridiza autoría del filme se lo debemos al inigualable José Luis Guarner en su crítica de Fotogramas, que tituló “Tobe or not Tobe”). Raimi ha tenido una vez más bien sintonizado el radar a la hora de elegir al director: Gil Kenan, londinense de nacimiento que entre los tres y los ocho años vivió en Tel Aviv antes de afincarse en Los Ángeles. Porque Kenan es el autor de la magnífica cinta de animación Monster House (2006), epopeya de casa encantada próxima en espíritu a Poltergeist, producida por Robert Zemeckis y Spielberg, tándem robusto donde los haya. Y de City of Ember (2008), que, aunque fallida, tenía una factura visual espléndida.

El Poltergeist de 2015 es descaradamente un rendido tributo al título original, una fotocopia autoconsciente y autosatisfecha. Las diferencias son mínimas, pequeños detalles sin importancia. Hay móviles y alusiones de la crisis económica, pero por lo demás se diría que estamos todavía en el despuntar de los años ochenta. Es esa ausencia de originalidad el arma perfecta para que los detractores del remake, de todo remake, disparen a placer. Defender y estimar los remakes, en cambio, es un ejercicio saludable. Por un lado, nunca jamás una nueva versión hará pupa a la obra copiada, que seguirá viva en nuestro recuerdo y nuestra dvdeteca. Por otro, hay películas-divertimento, como la propia Poltergeist, que admiten el envite lúdico con estimulante alegría. Otra cosa sería hacer el remake de El padrino (1972) o de Taxi Driver (1976), una osadía condenada al fracaso, aunque casos ha habido de desafíos de este jaez saldados con éxito: ahí está el espléndido remake de Al final de la escapada (1960) que Jim McBride rodó en 1983. En tercer lugar, siempre habrá que atender a la mirada, a la puesta en escena del director que ha materializado la operación, impecable en el caso de Kenan: la cámara está siempre en el lugar adecuado, se mueve con elegancia, tiene estilo y no es particularmente grandilocuente; el plano secuencia del árbol diabólico capturando y arrastrando al niño o el plano aéreo de la fuga de la familia protagonista en su coche mientras, en sentido contrario, llegan bomberos y policía, tienen de veras personalidad. Bienvenido, pues, este remake sencillo, agradable, digno y bien confeccionado.

2: El arte (perdido) de titular

Esta semana se han estrenado las películas Blood Ties, de Guillaume Canet, y The Gunman, de Pierre Morel. La segunda mantiene el título de la novela adaptada que Anagrama publicó en 1983 y ha reeditado ahora, Caza al asesino. La de Canet lleva el título de Lazos de sangre. Son, desde luego, títulos fáciles, ordinarios y para nada originales. Caza al asesino, por ejemplo, es también el título castellano de un thriller reciente, The Frozen Ground, interpretado por Nicolas Cage y John Cusack y estrenado directamente en DVD. Y el espectador con memoria recordará que Lazos de sangre es como aquí se estrenó un melodrama de intriga de Terence Young, Bloodline, de memorable reparto: Audrey Hepburn, James Mason, Ben Gazzara, Maurice Ronet, Romy Schneider, Omar Sharif y muchos más.

Poca originalidad titulando, en suma. En otros tiempos la inspiración brillaba por doquier. Se convertía la prosa en poesía: Pasión de los fuertes por My Darling Clementine o El hidalgo de los mares por Captain Horatio Hornblower. Se tocaba techo con un título mítico: Con faldas y a lo loco. Y, con unas onzas de humor, se alcanzaban cotas insuperadas: ¿cómo se llamó en España el vodevilucho de Pasquale Festa Campanile La sculacciata? Su traducción literal sería La azotaina, pero quedó mejor Un cachete en el culete. Cúspide imbatible: Africa Screams, la parodia de Abbott y Costello de las películas de safaris, se tituló Las minas del rey Salmonete.

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