“Torrente 5: Operación Eurovegas”

brigadoon

Había una vez, allá por la segunda mitad de los años cincuenta, un joven apuesto, culto y curioso de la alta burguesía catalana, Rodolfo, que frecuentaba con familiares y amigos el Liceo barcelonés. Una tarde de domingo en la ópera, a finales del 56, Rodolfo lanzó una pregunta a la parroquia con una ingenuidad impropia de él: “¿Habéis visto Brigadoon? Yo la vi ayer en el Montecarlo y quedé fascinado”. Fue como soltar una liebre en una manifestación de galgos: “¿Que si hemos visto qué? ¡No será una película! Nosotros no vamos a las barracas de feria”.

A Rodolfo no se le ocurrió nunca más mentar el título de una película ni nada vinculado con el cine entre su peña. De hecho, poco a poco fue desprendiéndose de ella y cultivando nuevas amistades. Doce años más tarde, Rodolfo era el jefe de redacción de una revista de cine. Había ingresado en sus filas con, precisamente, un estudio de quince páginas sobre Vincente Minnelli, a quien seguía adorando, aunque ahora sus preocupaciones se centraban esencialmente en Michelangelo Antonioni y en un novísimo del cine japonés, Nagisa Oshima, a quien había descu(boquia)bierto en un festival. Por esas fechas, Nicolás tenía dieciocho años, era un cineadicto pertinaz y muy despierto que había publicado algunas críticas en la revista de Rodolfo, quien apreciaba su perspicacia analítica. Un día, un Nicolás entusiasmado le propuso a su mentor un artículo sobre Lucky, el intrépido. “¿Cómo?”, dijo Rodolfo, “¡No será la última nadería de Jesús Franco! En mi revista no se escribe ni una sola línea de esa bazofia”.

Cuarenta y tantos años más tarde, Nicolás, sexagenario de largo, llevaba ya casi treinta dirigiendo su propia revista, que obviamente había dedicado dos monográficos extensos a Jesús Franco (en el número uno de la publicación y en mayo de 2013, con motivo de su fallecimiento), aunque en los últimos tiempos sus intereses los monopolizaban los cines periféricos: Lav Diaz, Pedro Costa y Joana Hadjithomas & Khalil Joreige eran los dioses de la revista. Nicolás, en suma, formaba ahora parte de las nuevas corrientes críticas, aquellas más interesadas en leer lo que no se ve entre un plano y el siguiente que en leer lo que se ve en un plano y el siguiente. De Pedro Costa había deslumbrado un ensayo de Joan, un joven apasionado de ecléctico paladar muy mimado por el viejo Nicolás. A principios de octubre de 2014, Joan intentó colarle a Nicolás una pieza sobre Torrente 5. “¿Y eso que és? ¡No será la nueva celebración de la cultura basura del amiguete Santiago Segura! ¡Ni loco le dedico una línea a ése!”. Joan intentó razonar con él: “Pero si los torrentes son el signo, la enciclopedia de nuestros tiempos. El zeitgeist, Nicolás, el puto zeitgeist. En Torrente 5 está, en primera línea de flotación, la España que interesa a la mayoría de españoles, la del Sálvame, el diario y el de luxe, los dos a la vez. Pero hay una trastienda, o un anverso, y ahí se huele el perfume de la otra España, la de los desahucios, el desafío independentista y los impuestos ahora para arriba ahora para abajo. Todo eso está ahí, y Segura lo dibuja con precisión y reciedumbre. Y exultante chacota. Que va en serio, Nicolás, muy en serio”. Nicolás no tragó ni con la última frase-torpedo de Joan: “Santiago Segura es lo mejor que le ha pasado al cine español desde Jesús Franco”.

Y la vida continúa.

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