Un grito de guerra: “Los inocentes”

Los  inocentes

El pasado 26 de junio, el programa de Canal 33 Sala 33, comandado por Àlex Gorina, emitió Los inocentes (2013), una breve (poco más de una hora) película de terror juvenil canónica, muy canónica, un rendido homenaje al slasher de los últimos años setenta y los ochenta. Empieza, como empezaban Prom night (1980), La noche de Halloween (1978), El tren del terror (1980) y tantas otras, con un prólogo sangriento que tendrá nuevas consecuencias años más tarde. Generalmente, como aquí, es una broma adolescente que se les va de las manos a sus autores y acaba con fiambre. Y finaliza con un recuerdo, acaso inintencionado, a La noche de los muertos vivientes (1968), el gran clásico fundacional: la única superviviente de la carnicería es abatida por el disparo de un policía, que la confunde con una asesina justo cuando iba a liquidar a la psicópata culpable de todo el calvario.

Los inocentes es una iniciativa de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC) que sigue el modelo propuesto en 2010 por Puzzled Love: una película rodada en colectividad por los alumnos, con nada menos que doce directores (Carlos Alonso Ojea, Dídac Cervera, Marta Díaz, Laura García, Eugeni Guillem, Ander Iriarte, Gerard Martí, Marc Martínez, Rubén Montero, Arnau Pons, Marc Pujolar y Miguel Sánchez), otros tantos guionistas (varios de ellos coincidentes con la realización) y un puñado de fotógrafos, otro de montadores, etc. Entrevistado por Gorina al término de la proyección, Lluís Segura, el coordinador del proyecto, afirmó que en el filme habían trabajado alrededor de 300 personas. Es francamente alentador pensar, en estos tiempos de penuria que corren, que tanta gente, con tanto entusiasmo y tanto oficio a cuestas (Los inocentes no tiene nada que envidiar a sus modelos americanos, mantiene una férrea unidad de tono, conoce al dedillo los recursos del susto, el tratamiento del espacio siniestro y las claves del gore, y es endiabladamente juguetona y divertida), sea todavía capaz de levantar, con escasos medios pero impulso infinito, una película de estas características. Y es estimulante pensar, también, en quién o quiénes de este grupo de jóvenes hinchas de la horror movie serán los próximos Bayona, Mar Coll o Kike Maíllo, distinguidos ex alumnos de la ESCAC. No será fácil alcanzar la gloria en el panorama presente, pero, como dice Lluís Segura, Los inocentes es “un grito de guerra que lanzan unos soldados que están preparados para arrasar”.

Al finalizar el programa, Gorina pidió a Segura que confesara cuál es su película de terror favorita: El exorcista (1973). En imágenes grabadas aparte, algunos de los directores de la película respondieron a la misma pregunta: Alien (1979), El día de los muertos (1985), El proyecto de la bruja de Blair (1999), Viernes 13 (1980) y Martyrs (2008) fueron las respuestas. Es significativo constatar que para las nuevas generaciones de fans del género, los nombres de Tod Browning, Jacques Tourneur, Terence Fisher, incluso Roger Corman y William Castle, han sido erradicados del mapa. Es lo que hay: una brecha notoria que divide en dos la historia. Probablemente alguien de los no encuestados habría dejado caer Psicosis (1960), pero difícilmente un título anterior. No vamos a ponerle reparos, mucho menos después de ver cómo manejan de bien el cotarro los artífices de Los inocentes. ¡Adelante, soldados!

Anuncios