80 años de un clásico inarrugable

 

It Happened One Night

Sucedió una noche (1934), la popular comedia de Frank Capra, cumple 80 años y nos invita a volver a ella, a gozarla de nuevo desde el sofá, vía DVD, con una copa de cava o de whisky para redondear la felicidad. Sucedió una noche es la película que consolidó definitivamente las carreras de Capra, Clark Gable y Claudette Colbert. A priori, empero, no parecía un proyecto al que le sonriera la suerte. Harry Cohn, el mandamás de la Columbia, no creía en la historia. Colbert, en un rol por el que pasaron otras candidatas de importancia (Miriam Hopkins, Myrna Loy, Margaret Sullavan y Constance Bennett), todavía recordaba el fracaso de su primera experiencia como actriz, a las órdenes precisamente de Capra, en Los tres papás (1927). Y Gable, cedido por la Metro Goldwyn Mayer, fue una imposición (Capra quería a Robert Montgomery), y a los primeros ensayos se presentó con una considerable cogorza que hacía temer lo peor. Todos acabaron felizmente tragándose los malos augurios: Sucedió una noche fue el sleeper del año y arrasó en los Oscar ganando en las cinco categorías principales (película, director, guión y actriz y actor protagonistas), que no sólo era la primera vez que sucedía, sino que no se repetiría hasta Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), 41 años después.

Y es que no le faltan méritos a Sucedió una noche para ser un clásico legítimo en la historia del cine. Como comedia sentimental, posee una irreprochable competencia en construcción, desarrollo y tempo, cuidado al máximo en escenas largas pero vigorosas y tan recordadas como la del autoestop, donde la batalla de los sexos se libra entre el pulgar de Gable y la pierna al descubierto de Colbert, y las del bungalow en el que deben pernoctar los protagonistas la noche de la tormenta, inolvidables tanto por esa manta tendida que separa las dos camas (“las murallas de Jericó”, en ocurrente expresión de Gable) como por los vistosos pijamas que lucen los actores. Sucedió una noche es también una road movie primeriza donde el itinerario construye una relación que pasa por diversas fases, de la hostilidad inicial a la amistad y finalmente al romance apasionado. De ese proceso de enamoramiento da cuenta una secuencia magistral que, por su simplicidad, puede pasar desapercibida pero que constituye un perfecto ejemplo de esa gestualidad actoral que ha hecho la gloria del cine americano, en la comedia y más allá de. Se trata del amanecer en el bungalow, cuando Gable prepara amorosamente el desayuno. La naturalidad con que el galán fríe unos huevos, sirve la mesita, le enseña a su acompañante cómo mojar los donuts en la leche, así como la delicadeza de movimientos de la actriz y sus inmensamente comunicativas miradas (de sorpresa, de afecto, de gratitud), conforman uno de esos momentos que transpiran verdad y revelan la perfecta entente entre dos actores y un director. Y ponen una nota muy a tener en cuenta en cuanto a la masculinidad en Hollywood se refiere: Gable no deja de ser el tipo duro que todos conocemos y admiramos, pero en el filme lo vemos cocinar, cantar en un par de ocasiones y, cuando de noche ambos están a la intemperie, prepararle a Colbert, con la paja de un establo, una cama improvisada y acostarla con suavidad.

Sucedió una noche es igualmente una comedia social: la Gran Depresión se vislumbra a lo largo del recorrido, en cada parada del autobús, agudamente retratada, y también la lucha de clases que simboliza la pareja protagonista: la chica rica, hija de papá, y el periodista pobre, en realidad, y pese al elegante corte de su traje, un nómada, un vagabundo, un hombre hecho a sí mismo y entrenado para tirar adelante en tiempos de bolsillos vacíos. Es significativa la escena del paso a nivel: mientras pasa el tren de mercancías, Gable saluda con una sonrisa de oreja a oreja a los mendigos que viajan en los vagones, y los mendigos a él, como un tú a tú entre hermanos.

En el capítulo de las anécdotas, hay que señalar que el impacto de Sucedió una noche en Estados Unidos causó un imprevisto daño colateral a los fabricantes de camisetas. La escena en que Gable se quita la camisa y muestra el pecho desnudo debió hechizar al público masculino, ya que hizo descender notablemente la venta de camisetas.

 

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